Publicado el · Por Ricard Prehn, patrón profesional de embarcaciones de recreo (PPER), capitán de yate, Yacht Captain up to 200 GT y profesor náutico desde hace más de 27 años
En resumen
Entre diciembre de 2013 y enero de 2014 crucé el Atlántico de Antigua (Caribe) a Barcelona de copatrón en el Sterna, un velero de regatas de aluminio de 25 metros al que yo había hecho el refit de electricidad y electrónica, con escala en Horta (Azores).
Saliendo de Horta tuvimos seis días de temporal por la popa, con olas de unos 8 metros: el barco surfeaba a 24 nudos con dos rizos en la mayor y trinqueta. Golpeamos algo y saltó el fusible de uno de los timones: se volvió a bajar el timón, fusible nuevo, y a seguir.
El barco: el Sterna
El Sterna era un velero de regatas de aluminio de 25 metros. Su nombre es el del charrán, el ave marina que hace algunas de las migraciones más largas que se conocen, y le iba al pelo: estaba hecho para cruzar océanos. Yo lo conocía por dentro mejor que nadie, porque le había hecho todo el refit de electricidad y electrónica. Así que cuando tocó traerlo de Antigua, en el Caribe, a Barcelona, me fui con él de copatrón.
No hay mejor prueba para una instalación que un océano: semanas de humedad, golpes de mar y un barco trabajando día y noche. Y no hay mejor escuela para un patrón que ver de cerca cómo se organiza un barco grande en una travesía larga.
La vida a bordo
En una travesía oceánica el día se organiza por guardias. Siempre hay alguien a la caña o vigilando el piloto, alguien de descanso y alguien que cocina. El reloj del barco manda más que el sol.

Y luego está lo que solo se ve en mitad del océano: los peces voladores, que planean decenas de metros sobre las olas, un rabijunco, el ave tropical de la cola larga, siguiendo al barco, y unas puestas de sol que ninguna foto hace justicia.


Navegar con sextante
Llevábamos GPS, claro. Pero en un océano la electrónica puede fallar, y practicar la navegación astronómica es el mejor seguro. Con el sextante se mide la altura del sol sobre el horizonte; con la hora exacta y las tablas, sale una recta de altura, y con varias, la posición. Si te interesa cómo se hacía antes del GPS, lo cuento en la historia de la navegación celestial.

Horta: la escala de los navegantes
Horta, en la isla de Faial (Azores), es la parada clásica de los veleros que cruzan el Atlántico. Allí está el Café Sport, el bar de los navegantes, con banderines y recuerdos de barcos de medio mundo, y allí está el muelle cubierto de pinturas: cada tripulación deja la suya, con el nombre del barco y el año. Nosotros también dejamos la del Sterna. Según la tradición, el barco que no la deja tiene mala suerte en lo que le queda de viaje.


Seis días de temporal por la popa
Saliendo de Horta nos esperaba lo gordo: seis días de temporal por la popa, con olas de unos 8 metros. Con el viento y la mar por detrás, un barco de regatas de 25 metros se pone a surfear: bajando las olas llegamos a 24 nudos.
La clave fue la vela. Íbamos con dos rizos en la mayor y la trinqueta, una vela de proa pequeña. Con más trapo el barco habría ido aún más rápido, pero también más descontrolado, con el timón al límite y el riesgo de atravesarse a la ola. Con poca vela, el barco iba rápido y gobernable. Es lo mismo que explico en cuándo tomar un rizo: pasado un punto, menos vela no es ir más lento, es ir mejor.

El golpe: saltó el fusible del timón
Durante esos días golpeamos algo. Nunca supimos qué: un tronco, un contenedor medio hundido, un animal… Lo que sí supimos es que saltó el fusible de uno de los timones. Ese fusible está pensado precisamente para eso: romperse él para que no se rompa la pala ni el casco. El arreglo fue tan sencillo como suena: volver a bajar el timón, poner un fusible nuevo y seguir navegando.
Es una buena lección para cualquier patrón: en el mar las cosas se rompen, y la diferencia la marca que el barco esté preparado para que se rompa lo pequeño y no lo grande, y que a bordo haya repuestos y alguien que sepa usarlos.


Lo que me traje del Atlántico
- Reducir pronto. Con mal tiempo por delante, los rizos se toman antes, no cuando ya no puedes.
- El barco lo es todo. Una instalación eléctrica y electrónica bien hecha se nota cuando llevas semanas de humedad y golpes.
- Guardias y cuaderno. Una travesía larga funciona si cada guardia sabe lo que tiene que hacer y lo apunta en el cuaderno de bitácora.
- Repuestos y calma. Lo que se rompe en el mar se arregla con lo que llevas a bordo y con la cabeza fría.

Mucho de lo que aprendí ahí lo enseño hoy en las prácticas. Si quieres vivir una travesía de verdad, con guardias de noche y un barco que no para, eso es el PER a bordo.
Preguntas frecuentes
¿Qué vela se lleva con un temporal por la popa?
Poca y equilibrada. En el Sterna llevábamos dos rizos en la mayor y la trinqueta, una vela de proa pequeña. Con menos trapo el barco va más controlado, el timón trabaja menos y, aun así, en las olas grandes surfea muy rápido: nosotros llegamos a 24 nudos.
¿Qué es el fusible de un timón?
Una pieza pensada para romperse antes que el timón. Si la pala golpea algo, salta el fusible y el timón bascula hacia arriba en lugar de partirse o de dañar el casco. Se arregla bajando otra vez la pala y poniendo un fusible nuevo, como hicimos en mitad del Atlántico.
¿Por qué se pinta en el muelle de Horta?
Es la tradición de los navegantes que cruzan el Atlántico y paran en Horta, en la isla de Faial: cada tripulación deja su pintura en el muelle y en los diques con el nombre del barco y el año. Dicen que quien no la deja, tiene mala suerte en lo que le queda de viaje.
¿Se puede navegar con sextante hoy en día?
Sí, y en una travesía oceánica es un buen seguro por si falla la electrónica. A bordo del Sterna tomábamos alturas de sol para practicar: con la altura, la hora exacta y las tablas se obtiene una recta de altura y, con varias, la posición.
